Los sistemas constructivos en seco tienen un origen sajón, siendo utilizados en los procesos de colonización del Norte de América. Se trata de una forma rápida, sencilla y eficiente de solucionar una vivienda con el material disponible del entorno, en aquel momento, la madera.
Entre los primeros antecedentes locales se encuentran las pintorescas casas de chapa y madera de La Boca, conformadas por bloques individuales distribuidos en el terreno. Su estructura de madera era recubierta en chapa y -cuando era posible- era reemplazaba por mampostería, generando sistemas híbridos. Estas construcciones ya son hoy patrimonio de la ciudad de Buenos Aires.
Hace años se viene construyendo en nuestro país utilizando estos sistemas y su variable metálica, pero a partir de una nueva resolución de la Secretaría de Vivienda y Hábitat, se han eliminado los trámites para la construcción de edificios con entramado de madera para uso de estructuras portantes. Así, lo transforma en sistema constructivo tradicional igualándolo a los sistemas húmedos, mas difundidos en nuestro país. Esta nueva condición elimina la necesidad de solicitar un certificado de Aptitud Técnica (CAT).
La Resolución reconoce que este sistema es durable, sustentable, rápido y compatible con otros existentes y tiene entre sus fundamentos, el de facilitar la construcción de viviendas y obras de infraestructura básica par el desarrollo de asentamientos habitacionales.
Así se simplifican los procesos y, consecuentemente, se espera un crecimiento en el uso de estas tecnologías en nuestro país, que tiene índices muy por debajo de la región, no sólo en los planes de vivienda estatales, donde además entre en juego la variable sustentable. Se han obtenido muy buenos resultados en soluciones habitacionales que buscan un ahorro energético.
La necesidad de formar mano de obra capaz de construir en este sistema será otra de las cuestiones a tener en cuenta en una medida que ya tiene voces a favor y algunas en contra, pero que ya comenzó a hacerse realidad.
