En Guía de la Construcción te compartimos una serie de propuestas para repensar la vivienda a partir de una perspectiva sostenible, condición que debe atravesar todas las etapas del proyecto: desde las primeras decisiones de diseño hasta la construcción y el uso cotidiano de los espacios, focalizando en el bienestar de sus habitantes y generando una mayor integración urbana y social.
La arquitectura sustentable no se limita a la incorporación de tecnologías renovables, sino que implica tener en cuenta ciertos factores durante todo el proceso de diseño y construcción. Comprender el terreno, el clima, los materiales, las formas de habitar, las condiciones sociales y ambientes que rodean cada proyecto es fundamental para replantear nuestras prácticas y lograr viviendas sostenibles de calidad.

“La arquitectura sustentable empieza desde el inicio. Después las tecnologías nos van ayudando a transformarla y a mejorarla, pero lo primero es entender dónde vamos a trabajar y qué vamos a hacer”, explica Bárbara Berson, arquitecta especialista en sustentabilidad, ambiente y bioclima, en su vínculo con el diseño, la identidad local y la integración social.
Entonces, ¿cómo debería ser hoy una arquitectura verdaderamente sustentable? La construcción sostenible propone minimizar el uso de recursos, reducir los impactos ambientales y favorecer técnicas y materiales de bajo impacto, pero también integrar la arquitectura a su entorno y mejorar la calidad de vida de quienes la habitan.
El terreno como punto de partida
Una de las claves para repensar la arquitectura sustentable es recuperar la comprensión del lugar donde se implanta el proyecto. La arquitecta Bárbara Berson plantea que buena parte de las respuestas necesarias ya pueden encontrarse en las arquitecturas vernáculas desarrolladas a lo largo del país. El estudio de esas construcciones permite reconocer conocimientos acumulados durante generaciones: la elección de los materiales, la orientación de las viviendas, las volumetrías, las formas de protegerse del clima y las técnicas propias de cada región.
Cada territorio plantea condiciones diferentes. El clima, el suelo, la vegetación, el agua, los vientos y las formas de vida deberían participar de las decisiones proyectuales. En lugar de pensar una vivienda como un objeto que se instala indistintamente en cualquier lugar, la arquitectura sustentable propone comprender el suelo, cómo la vivienda se relaciona con el entorno y cómo responde a las condiciones específicas del sitio.
Sustentabilidad desde el diseño
Sombras, aleros, ventilación cruzada, transiciones entre interior y exterior, buenas aislaciones, vegetación y orientación pueden producir importantes mejoras en el confort sin necesidad de incorporar sistemas complejos o costosos.
La arquitectura puede, por ejemplo, utilizar la vegetación espontánea y las especies propias de cada lugar para generar sombra, mejorar el aislamiento y favorecer la biodiversidad. Una cubierta o una terraza pueden convertirse en espacios productivos, capaces de incorporar huertas y vegetación, mientras colaboran con la protección solar y el comportamiento térmico del edificio.
Vivienda como parte de un ecosistema
Esta propuesta modifica la relación entre la vivienda y la naturaleza. El proyecto no comienza sobre un terreno vacío: el sitio ya tiene una historia, una vegetación, un suelo y unas condiciones ambientales que pueden convertirse en parte activa de la arquitectura.
Esta mirada se ejemplifica en ”Casa de las Mariposas”, diseñada por la arquitecta Bárbara Berson, como todos los ejemplos que veremos aquí. El proyecto ubicado en Belgrano contempló la revalorización de la terraza como quinta fachada y, con la incorporación de vegetación, retornaron las mariposas y los picaflores. De este modo, la arquitectura se propuso como agente bioclimático y estableció un vínculo con la naturaleza urbana, al mismo tiempo que contribuyó a la protección solar y al aislamiento de los espacios inferiores de la vivienda.




Un sentido similar se incorpora en el diseño de ”Casa Entre Árboles”. En el terreno había tres árboles existentes, por lo que se decidió preservarlos y adaptar el proyecto a ellos. Entonces, la vivienda se eleva sobre pilotes para que las raíces puedan seguir escurriendo por la tierra, respetando la historia del suelo. Así, se logra una arquitectura afectiva con el entorno, gracias a un efecto de abrazo a los árboles, que se encuentran rodeados por la casa. La vegetación forma parte de la arquitectura y los patios permiten que la lluvia, el viento y los pájaros participen de la experiencia cotidiana del interior.




Incorporación de tecnologías en tanto herramientas
Asimismo, la innovación tecnológica es utilizada por la arquitectura sustentable, pero debe ser vista como una herramienta para potenciar estrategias arquitectónicas del diseño. Por ejemplo, la ”Casa de las Bibliotecas” combina una estructura de madera, construcción en seco y paneles de alto nivel de aislación con un sistema de ventilación que aprovecha el efecto de chimenea solar. En verano, la apertura de ventanas ubicadas en distintos niveles permite que el aire caliente ascienda y salga, favoreciendo el confort interior sin recurrir necesariamente al aire acondicionado.




El criterio consiste en sacar el mayor provecho de las tecnologías disponibles sin perder de vista las estrategias sustentables, las características del terreno, el clima, los materiales, las formas de habitar de los habitantes de la región.
La clave de la adaptación
La adaptación al sitio adquiere todavía mayor relevancia en territorios sujetos a condiciones ambientales cambiantes. En una vivienda proyectada para el Delta (”Casa Libélula”), las crecidas del río condicionan desde la forma de llegar al nivel de la vivienda hasta la elección de los sistemas constructivos. La utilización de madera y estructuras metálicas, junto con piezas ensamblables, permite responder a un territorio donde el agua forma parte de la dinámica cotidiana.




La vivienda también puede transformarse en una gran galería: sus ventanas se abren completamente y permiten que los espacios interiores se conviertan en ámbitos semicubiertos, favoreciendo la ventilación cruzada y el contacto con los sonidos y las condiciones naturales del entorno.
La arquitectura deja entonces de pensarse como algo rígido y comienza a incorporar la posibilidad de transformarse junto con su contexto.
Una arquitectura sustentable desde el primer paso
Tal vez uno de los principales cambios de paradigma sea entender que la arquitectura sustentable no consiste en una lista de recursos que se agregan al final de un proyecto. La sustentabilidad empieza mucho antes: cuando se decide dónde construir, cómo ocupar el terreno, qué conservar, cómo orientar la vivienda, qué materiales utilizar y de qué manera relacionar los espacios interiores con el exterior.
A partir de allí aparecen las tecnologías, los sistemas de recuperación de agua, las energías renovables, las nuevas técnicas constructivas y todos aquellos recursos capaces de mejorar el desempeño del edificio. Pero su eficacia depende, en buena medida, de que exista primero una estrategia arquitectónica sostenible que se aplique a todo el proceso proyectual.

Como plantea Berson, a partir de sus distintas experiencias, cada proyecto requiere una resolución diferente según su ubicación, escala y condiciones. Repensar la arquitectura sustentable es, entonces, volver a mirar antes de construir.
Mirar el suelo, el clima, la vegetación, los materiales, las formas de habitar y también aquello que ya existe. Entender que la arquitectura no es un objeto aislado, sino parte de un ambiente y de una comunidad.
Quizás allí esté una de las claves para construir mejor: no empezar preguntándonos qué tecnología podemos incorporar, sino qué necesita realmente el lugar y cómo puede la arquitectura responder a esa necesidad.
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